La imagen de Jesucristo en el arte

 

INTRODUCCIÓN
1 – JESÚS Y SU IMAGEN
2 – EL BUEN PASTOR
3 – PANTOCRATOR: DUEÑO Y SEÑOR
4 – CRISTO EN LA CRUZ EN MAJESTAD
5 – LA IMAGEN DE JESÚS AL FINAL DE LA EDAD MEDIA
6 – RENACIMIENTO Y BARROCO
7 – EL ROSTRO DE CRISTO EN LOS SIGLOS XIX Y XX
8 – LA IMAGEN DE JESÚS EN EL CINE
Presentación de diapositivas (PPS)
Resumen Créditos

 

PRESENTACIÓN DEL TEMA

 

Cuando rezamos, o hablamos de Jesucristo, automáticamente proyectamos su imagen como una diapositiva, compuesta de varios elementos: lo que hemos visto en el arte o en el cine, lo que sobre él hemos leído y aquellos elementos personales que son fruto de nuestra sensibilidad, de nuestra imaginación, y de nuestra manera de entender y vivir la fe.

Por eso Jesucristo puede parecer unas veces rey, otras mendigo; de derechas o de izquierdas; un marginal, un revolucionario, un prisionero político, un labrador oprimido; puede parecer que está del lado de los ricos y poderosos, o del lado de los pobres. . . Dependiendo mucho de nuestro punto de vista.

En este tema vamos a hacer un rápido recorrido de las diferentes imágenes de Jesucristo que han ido surgiendo a lo largo de los siglos, tratando de comprender cada una dentro de su época, viendo lo que aporta, lo que subraya y lo que olvida.

  1. JESÚS Y SU IMAGEN

 

En estos casi dos mil años de cristianismo, los artistas han creado muchas imágenes de Jesucristo.

En estas imágenes podemos descubrir no sólo los datos que los evangelios y la tradición nos proporcionan sobre Jesucristo, sino también el “espíritu” de la época en que vive el artista, las ideas y sentimientos de sus contemporáneos, su manera de ver la vida y el mundo, su fe y la inspiración personal de cada autor .

Por eso, en esas imágenes de Cristo a lo largo de los siglos, encontramos grandes diferencias propias de cada época y autor, y también elementos comunes, aunque convencionales, propios de la tradición, de la fe.

* Ni en los evangelios ni en los otros escritos canónicos del Nuevo Testamento encontramos una descripción del aspecto físico de Jesucristo, como suele hacerse en las biografías y en las novelas con sus protagonistas.

Más aún: los evangelistas nos dejaron cuatro “imágenes” de Jesucristo, distintas y complementarias.

* Los primeros cristianos tampoco nos dejaron imágenes, esculturas o pinturas del Señor.

Las causas podrían ser éstas:

– Para los cristianos convertidos del judaísmo pesaba mucho todavía la prohibición terminante de representar a Dios, pues es “imposible dar un rostro al Invisible”; un sacrilegio, dar apariencia material al Espíritu. Leemos en el Antiguo Testamento: “No acudáis a ídolos ni os hagáis dioses de fundición. Yo soy el Señor vuestro Dios” (Lv 19,4).

– Los cristianos procedentes del paganismo querían evitar toda confusión posible entre Cristo y los dioses paganos tan abundantes en los templos. Por eso usaron símbolos y alegorías como el pan, los peces, el cordero, la paloma…

Poco a poco la idea de que Cristo era la “Imagen del Dios Invisible” (Col 1,15) y de que en Él se ha “manifestado la gracia de Dios” (Tit 2,11), ayudó a los cristianos a liberarse de aquellas prohibiciones y miedos, y ya en el siglo III aparecen las primeras representaciones de Cristo como Buen Pastor, inspiradas en los salmos (Sal 23), en los profetas (Ez 34) y en las palabras del mismo Jesucristo (Jn 10,11).

* Siglos después, las cruzadas despertarían un enorme interés por la Tierra Santa, acercándose al marco histórico y geográfico de la vida del Señor.

La leyenda de la Verónica y la reliquia de la Sábana Santa han influido mucho en las representaciones artísticas y han contribuido a modificar la devoción popular de la imagen de Jesucristo.

Dos representaciones, aparentemente antagónicas, predominan a lo largo de los siglos y, muchas veces, los artistas intentan compaginarlas: la de Jesucristo, “Juez Universal”, Rey de la Gloria de Daniel (7,13-14) y Mateo (24,30-31), y la del “varón de dolores” de la Pasión, profetizado por Isaías (53,3). Pero todas las representaciones dejan una cierta insatisfacción: Cristo es más que todo eso.

Además lo importante no es saber cómo era Jesucristo, sino que sepamos responder hoy, y no con fórmulas gastadas, sino con una fe comprometida, a su pregunta: ” y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” (Mc 8,29)

  1. LA IMAGEN DE JESÚS COMO BUEN PASTOR 

“Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor, ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil: también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo Pastor” (Jn 10,11-16).

La imagen más famosa del Buen Pastor es del siglo IV.

Sigue las normas de la escultura clásica, limpia y directa, diciendo exactamente lo que quiere decir.

Y no deja de ser significativo que ésta sea la representación más antigua, en bulto redondo, de Jesucristo. Es una imagen que revela equilibrio, serenidad y fuerza.

Es el Pastor que necesita una Iglesia que acaba de salir de las catacumbas y quiere establecer contacto con el mundo pagano, usando su lenguaje pero conservando la propia identidad.

Entre los cristianos muchos participan activamente en la vida pública de una sociedad pagana y comprenden que hay que encarnar más el Evangelio en su vida diaria. Los artistas usan, pues, las formas existentes en el arte pagano, para comunicar su fe. La representación del Buen Pastor se inspira en el modelo de Hermes. Jesucristo es no sólo el pastor que conduce a sus ovejas, en medio del paganismo, a los pastos de la verdad, sino que también ayuda a los cristianos cargando con sus sufrimientos cuando son martirizados.

En las catacumbas de Santa Domitila, en Roma, se conserva una imagen del Buen Pastor probablemente del siglo III. Durante mucho tiempo, esta imagen de Jesús como Pastor va a ser el tema predilecto de los artistas cristianos.

En sus representaciones, los primeros cristianos se inspiraron en el texto de San Juan que hemos citado, pero también tomaron elementos de la cultura griega y latina.

  1. LA IMAGEN DE CRISTO COMO “PANTOCRÁTOR” 

La palabra “Pantocrátor” significa en griego “Todo-poderoso”. La representación de Jesucristo como “Pantocrátor” trata de resumir en una sola figura alsalvador y al creador. Cristo como origen, fin y juez supremo de la historia y del mundo.

Es típica en las bóvedas y en las cúpulas en forma de grandes frescos o a veces de enormes mosaicos. En España los más conocidos son los de San Clemente de Tahull (siglo XII), en Cataluña y el de San Isidoro de León. En ocasiones la figura de Cristo está rodeada de los símbolos de los cuatro evangelistas (tetramorfos).

A la caída del Imperio Romano, Occidente entra en una profunda crisis de identidad en que tres elementos se enfrentan, se condicionan mutuamente y nunca llegarán a confundirse: lo romano, lo germano y lo cristiano.

Empujada por la riada de las invasiones, Europa desemboca en la época feudal.

“Nace una nueva cristiandad en la que todo está orientado hacia Dios, hacia la visión beatífica que es la única y definitiva realidad. Las cosas materiales son apenas apariencias que, dejando aparte su utilidad inmediata, sólo valen como símbolos que apuntan a una realidad más alta. Para el artista románico se trata de crear un modo de expresión que permita arrancar las cosas del mundo perecible para darles acceso a lo eterno. El universo que describe converge hacia el Cristo glorioso, el Cristo en majestad.”

Traducido de Fêtes et saisons, núm. 243, marzo 1970.

Uno de los ejemplos más representativos y geniales de esa época es el “Pórtico de la gloria” de la catedral de Santiago de Compostela.

  1. CRISTO EN LA CRUZ EN MAJESTAD

Es una forma típica de representar a Cristo en los siglos XII y XIII. No se pretende realismo en la expresión de la figura de Cristo. Su cuerpo se reduce a los rasgos fundamentales. Se le representa vestido, con túnica a veces ricamente decorada. La corona de espinas no aparece, y en cambio en ocasiones se la sustituye por una corona real. Se trata de dejar claro:

— Que el sufrimiento de Jesús es un sufrimiento redentor y que está muy por encima del sufrimiento del hombre corriente. Ese carácter redentor del dolor de Cristo transfigura su rostro y su persona apareciendo en la Cruz como quien reina y no como quien sufre un martirio.

— Que el Hijo de Dios no es un esclavo de la gleba. La figura de Cristo trata de no confundirse con la de la clase social baja sino, por el contrario, es aquel que incluso en la cruz muestra su estirpe y su dignidad.

— Que el cuerpo de Cristo no ha conocido la corrupción del sepulcro ni tiene, ahora, una vez resucitado, los rasgos del dolor y de la muerte.

Son muy conocidos, entre otros, los llamados Cristo del Cid y el de Batlló que se encuentran en el museo de arte de Cataluña.

  1. LA IMAGEN DE CRISTO AL FINAL DE LA EDAD MEDIA

En el siglo XIII el pensamiento occidental experimenta un profundo cambio de orientación. La espiritualidad de San Francisco atraviesa toda esta época ayudando al hombre a situarse en la naturaleza, haciendo de la naturaleza el lugar donde el hombre podía realizarse como persona e hijo de Dios. San Francisco vivió sólo de 1181 a 1226, pero su influencia dentro del cristianismo fue enorme.

Entre otras muchas anécdotas de su vida, la que ahora nos interesa es de orden artístico. San Francisco inventó el “nacimiento”, representando con personas el portal de Belén, que luego se convertirá en una costumbre familiar. Fue en 1223 en un lugar llamado Greccio, en el que abundaban las grutas en la montaña.

La gente de los alrededores quedó sorprendida el 24 de diciembre con aquella escenificación del nacimiento de Jesús.

“En cuanto al siglo XIII, no hay que olvidar que, precisamente en los mismísimos tiempos de Francisco, es el siglo de Inocencio III, el siglo de las catedrales góticas, de las grandes peregrinaciones y cruzadas, el del concilio de Letrán (1215), el siglo de las grandes universidades, que son las de la Iglesia, el siglo de otros muchos santos y fundadores eminentes, contemporáneos del de Asís. Antes que artífice de su época, se diría que San Francisco es su producto. Lleva el siglo XIII en el corazón. Lo que impresiona es la fuerza y la originalidad con que lo asume y lo inserta en lo más hondo de su vida religiosa. Es todo el siglo, su época, lo que emerge en su oración.”

Imágenes de la fe, núm. 127, p. 7.

Es también el tiempo de Tomás de Aquino, dominico que realizará una de las más portentosas síntesis del saber humano integrando la filosofía griega, especialmente de Aristóteles, al pensamiento cristiano en la Suma Teológica. Este enorme esfuerzo de reflexión y racionalización introducirá dentro del cristianismo multitud de elementos nuevos que se integrarán en la visión cristiana del mundo y del hombre.

“Hazme, Señor y Dios mío, obediente sin contradicción, pobre sin mezquinos sentimientos, casto sin perturbación de la pureza del alma, paciente sin lamentación, humilde sin simulación, sereno sin pasividad, serio sin rigidez, movido sin ligereza, temeroso sin miedo, sincero sin doblez, celoso en las buenas obras sin exceso, caritativo sin soberbia ni hipocresía. Dame, Señor, un corazón vigilante, que no se desvíe de ti por ningún pensamiento indiscreto; un corazón noble, que no se deje arrastrar por las cosas terrenas; un corazón recto, que no se incline ante las intenciones depravadas; un corazón firme que no se quebrante ante ninguna tribulación; y un corazón libre, que no se deje vencer por ninguna pasión violenta.”

Oración de Santo Tomás, Imágenes de la fe, núm. 155, p. 27.

En esta oración, Santo Tomás resume la imagen del hombre que teniendo a Cristo como modelo y Maestro, trata de hacer una síntesis de los aspectos más positivos de la humanidad. En definitiva, es un retrato de Jesús, visto por un discípulo suyo, un resumen de la humanidad y un programa para vivir.

El gótico, con sus altas torres y enormes ventanales, podría dar una falsa idea de espiritualidad desencarnada. Es el triunfo del cálculo, de la razón canalizando la atrevida imaginación y la extraordinaria sensibilidad de la época, exacerbada por las guerras, la peste y la permanente amenaza de los turcos.

En las imágenes de Jesucristo, los artistas recogieron toda la mística y la humana tragedia de la época, como en este crucifijo.

Cristo encarnado es el centro de interés del alma religiosa. El Cristo majestuoso del románico desciende de su trono para compartir y transfigurar la vida cotidiana. Se humaniza sin dejar de ser el Hijo de Dios. El gótico intenta apasionadamente conciliar esas dos naturalezas. Se interesa por lo particular, lo individual. Sustituye los símbolos por la expresión psicológica. De ahí su interés por el rostro, por las actitudes del cuerpo.

Este Cristo crucificado es “un buen ejemplo de esta imaginería devota, que va dando cada vez mayor cabida a la expresión humana, al dolor y al sufrimiento de la muerte en la cruz. Plásticamente, la figura queda reducida a unos planos de ejecución sumaria.

El cuerpo del Salvador se curva, la posición de los pies clavados se violenta en su retorcimiento. Con todo, no se ha llegado aún al exacerbado realismo propio de la fase final del gótico y el conjunto se expresa dentro de los cauces de una moderada y discreta idealización.”

RAMÓN RODRÍGUEZ CULEBRAS. El rostro de Cristo en el arte español, Urbión, Madrid 1974. núm.12

  1. LA IMAGEN DE JESUCRISTO EN EL RENACIMIENTO y EL BARROCO

La imagen de Jesucristo sufre también el impacto del humanismo paganizante del Renacimiento.

La Roma eterna se levanta de sus cenizas y se transforma en la capital de la cultura occidental, intentando una nueva y curiosa simbiosis espiritual entre el antiguo paganismo greco-romano y el cristianismo.

“El aire se serena y viste de hermosura y luz no usada.” La belleza parece querer encubrir la tragedia de la vida. El hombre, que pasa a ocupar el centro de la historia, parece un dios, más por la inspiración del arte que por la gracia del Espíritu Santo”.

La fe cristiana tiene un nuevo desafío: hacer de ese hombre endiosado un hijo de Dios.

La Virgen, más que la mujer “llena de gracia”, parece una matrona romana, hermosa y saludable.

Cristo, un Hércules. Incluso crucificado, parece más el ideal de belleza masculina que la Imagen del Padre, más el hombre dotado por los dioses de todos los atributos viriles, que el Hijo de Dios ungido con la plenitud del Espíritu Santo. Basta recordar el “Juicio final” de Miguel Ángel, característico de esta época. El mismo Cristo de “La Pietá” no parece haber pasado por la tortura de la flagelación y el tormento de la cruz. Es un hombre que descansa, más que un cuerpo maltratado.

La reacción contra esta ola de paganismo fue violenta. La reforma protestante, convencida de la corrupción radical de la naturaleza, vació sus iglesias de la presencia demasiado humana de Cristo y de los santos. La contrarreforma católica, especialmente en España, lanzó la religión a las calles en representaciones teatrales y procesiones, procurando la síntesis entre naturaleza y gracia, humanismo y fe.

Míralo por dónde viene
el mejor de los nacidos. . .
Una calle de Sevilla
entre rezos y suspiros. . .
Largas trompetas de plata. . .
Túnicas de seda. . . Cirios
en hormiguero de estrellas
festoneando el camino…
El azahar y el incienso
embriagan los sentidos. . .
ventana que da a la noche
se ilumina de improviso
y en ella una voz -¡saeta!
canta o llora, que es la mismo.
Míralo por dónde viene
el mejor de los nacidos…”

M. MACHADO.

Tal vez encontramos en El Greco uno de los mejores exponentes de este esfuerzo espiritualizador. El Cristo de “El expolio” (Toledo) destaca con una presencia humana contundente y llena de dignidad en un mundo hostil, deshumanizado y deshumanizador.

y en el rostro de Cristo, en sus ojos, vemos el alma en medio de desalmados: La luz indica la presencia del Espíritu; la mirada es la del hombre elevándose hacia Dios.

Realmente el Verbo de Dios se hace hombre y todos los detalles de su vida interesan a los cristianos. La imaginería, en las catedrales, como antes las vidrieras, es una catequesis.

De forma que el cuerpo de Cristo, tratado siempre con una respetuosa perfección, puede ser prácticamente intercambiable entre el crucificado y el resucitado.

Así el “Cristo crucificado” de Velázquez y la “Resurrección del Señor” de Murillo son características de esta imagen de Jesucristo como el hombre que, por ser Hijo de Dios, no puede ser sino anatómicamente perfecto.

CRISTO CRUCIFICADO (Velázquez)

“Todo renace en él, desierto y breve,
cuando, por cinco fuentes derramado,
ha lavado la tierra y está alzado,
desnudo y material como la nieve.
En la tiniebla está la luz que debe
órbitas a su voz. En el pecado,
la ventura de amor. Todo, borrado,
va a amanecer. El tiempo no se mueve.
Cielo y tierra se miran suspendidos
en el filo o espina de la muerte,
para siempre asumida y derrotada.
En la cerrada flor de sus sentidos,
los siglos, como abejas -Santo fuerte-, l
abran la vida humanamente dada.”
DIONISIO RIDRUEJO

 

“Tú eres el Hombre, la Razón, la Norma,
tu cruz es nuestra vara, la medida del dolor que sublima, y es la escuadra
de nuestra derechura: ella endereza, cuando caído, al corazón del hombre.
Tú has humanado al universo, Cristo, ¡que por ti es la obra humana! ¡Vedlo todo!
“He aquí al hombre” por quien Dios es algo.
“¡No tengo hombre!”, decimos en los trances de la vida mortal; mas tú contestas: “¡Yo soy el Hombre, la verdad, la vida!”
¡Tal es el hombre rey de las naciones de desterrados, de la Iglesia santa,
del pueblo sin hogar que va cruzando el desierto mortal tras de la enseña
y cifra de lo eterno, que es la cruz!…

MIGUEL DE UNAMUNO,
El Cristo de Velázquez, Fragmentos.

Es el tiempo de las grandes escuelas españolas de imagineros, en Sevilla y en Castilla.

De los Cristos de Gregorio Fernández, de Juan de Mesa, de Roldán… Imágenes de un realismo sorprendente, y al mismo tiempo de una dignidad fuera de lo común. Imágenes que mueven el sentimiento, sin sentimentalismos. Que reflejan la atrocidad de la pasión sin concesiones, pero que al mismo tiempo saben expresar la grandeza del perdón desde la cruz, la entrañable ternura del hombre que pasó haciendo el bien. Rostros que mueven al acompañamiento durante los momentos en que “pasan” por la calle la noche del Viernes Santo. Cuerpos llenos de humanidad que desde la cruz, o cargando con ella, arrastran tras de sí la mirada y el corazón de los fieles.

 

“¡Oh la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos
siempre con sangre en las manos
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!”

  1. MACHADO
  2. EL ROSTRO DE CRISTO EN LOS SIGLOS XIX y XX 

El arte y la religión se fueron distanciando en los siglos de la Ilustración y de la revolución industrial. La filosofía cartesiana y las ciencias experimentales abren un abismo entre el mundo físico y el universo espiritual. Los artistas trabajan más para la Corte que para la Iglesia.

La piedad popular se alimenta de una espiritualidad decadente y enfermiza, incapaz de dialogar con un mundo en que el hombre quiere imponer su ley al margen de la fe.

Surge así una imagen de Jesucristo dulzona y apocada que ha llenado nuestros altares durante mucho tiempo y cuya representación más característica es el Sagrado Corazón.

Es el tiempo del Dios Padre ancianito y bueno, con barba blanca, abundante y bien cuidada.

El tiempo de las estampas con figuras de Jesús en las que el único rasgo masculino es la barba.

El tiempo de las miradas tiernas y del corazón en la mano coronado de espinas y sangrante.

Es el tiempo de una fe incapaz de ofrecer al mundo un modelo de vida digno del hombre. El cristiano se siente ridículo y no se atreve a decirlo. Se refugia en una espiritualidad vergonzante. Una espiritualidad paralela, que no sirve para la vida.

Hecha de devociones femeninas en las que el hombre no acaba de encontrar su sitio. Y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, mal entendida, se reviste de un lenguaje falaz y altisonante, para ocultar su vacío.

El hombre de nuestra civilización técnica ha modificado la idea que tiene de sí mismo y de sus relaciones con Dios.

La Iglesia se ha mantenido, durante mucho tiempo, al margen de esta transformación. Pero en la segunda mitad del siglo XX, y más intensamente a partir del Concilio Vaticano II, se ha restablecido el diálogo de la Iglesia con el Mundo.

Grandes artistas, incluso no católicos, se han inspirado en la fe cristiana para crear sus mejores obras.

Y nuestro siglo XX ha vuelto a tener una imagen de Jesucristo. Una imagen múltiple y, a veces, contradictoria. Dependiendo del punto de vista o de la ideología del artista.

Así hay artistas que buscan en el románico la serenidad que el mundo necesita. El Hijo de Dios que se hace hombre para salvarnos de esta angustia cotidiana, de esta atrocidad que, para muchos, es la vida.

Para otros Jesucristo es la Víctima de las Víctimas de la angustia atómica, del desastre ecológico, de la opresión social. El hombre desfigurado, irreconocible como hombre, despojado de toda dignidad por un sistema injusto.

 

 

  1. LA IMAGEN DE JESÚS EN EL CINE

Sin duda, el cine es el arte de nuestro tiempo. Lo que nació como una diversión de feria se ha convertido en una gran industria y en una forma de expresión artística propia de nuestra época. Desde su invención, el cine ha llevado a la pantalla la vida y el rostro de Jesús en multitud de ocasiones. Hay más de cuarenta películas que lo han intentando con mejor o peor suerte. En el cine, a la imagen se une el movimiento, lo cual da una mayor sensación de realismo.

Todos los que han tratado de hacer una película sobre Jesús han reconocido la dificultad que supone este intento. Reconstruir una época histórica no es fácil. Representar una personalidad como la de Jesús, resulta imposible. Muchas veces se ha tratado el tema basándose en la grandiosidad de los decorados, los efectos sorprendentes y los movimientos de masas. Generalmente los resultados han sido pobres y no se han quedado más que en grandes telones de fondo con movimiento de extras en la escena.

El cine español ha sido poco feliz en sus realizaciones. Ha presentado un Cristo sin fuerza interior, según los cánones decimonónicos, cuya dignidad se agotaba en una túnica y un manto, sin manchas ni anacronismos.

El comunista Pier Paolo Pasolini fue el primero que rompió los moldes de una pura reconstrucción historicista. Su “Evangelio según San Mateo” quiso ser un nuevo tratamiento de la figura de Cristo. El texto fue literalmente el del evangelio de San Mateo. El respeto a la figura de Cristo no consistió en el uso de túnicas sagradas sino en la sobriedad de los medios empleados, en la austeridad de la imagen, en el esfuerzo por entender el texto y presentar un Cristo pobre entre los pobres, tal como lo presentan los evangelistas. La película fue dedicada al Papa Juan XXIII.

Roberto Rossellini, el gran maestro del neorrealismo italiano, estrenó en febrero de 1976 “El Mesías”. El mismo nos explica el sentido de su obra:

“Mi Mesías no es católico ni marxista. Respeto los textos. Lo importante es lo que Jesús dice y piensa. Lo que afirma, no obstante, tiene un alcance revolucionario. Esta civilización está en declive. Tenemos que construir otra. Por esta razón hemos vuelto a Jesús. Jesús es aquel que en la historia de la humanidad, mejor y más profundamente, ha devuelto al hombre su propia transparencia, proporcionándole razón de todo, en su sentido absoluto.”

Citado por Vida Nueva, núm. 1.122.

 

Otra obra discutida, y que trató de romper los moldes clásicos del cine, fue “Jesucristo Superstar”. Se basaba en la ópera “rock” del mismo nombre que fue éxito primero en Broadway (Nueva York) y luego en todo el mundo. Presenta a un Jesús al gusto de la época que para muchos resultaba extraño, irreverente y casi blasfemo. Sobre todo ha perdurado la música, especialmente algunas de sus canciones de Judas y la Magdalena.

Radio Vaticano dijo días después de su estreno en Roma:

“En la película se presenta una figura de Cristo que no es, ni quiere ser, la fijada en la historia de su tiempo, ni la humana divina del Evangelio; sino una figura misteriosa e impalpable, incomprensible en su realidad más profunda, perennemente presente hoy, ayer y siempre, desde hace dos mil años, en una historia humana surcada por los ritmos persistentes de la decadencia y de la muerte.

Es necesario leer y comprender rectamente esta obra de elevado nivel artístico y de sufrida meditación. De ahí puede derivarse una estimuladora ocasión para un encuentro personal con Cristo. Es de prever que los jóvenes, sobre todo, experimenten la carga formidable de este Jesús arrollador… una obra que, bajo muchos aspectos, se recomienda; pero que exige, sin embargo, debido a su difícil lectura, un acercamiento reflexivo. No obstante, la obra ha sido enérgicamente contestada por quienes evidentemente no comparten este juicio.”

Otro título importante es “Jesús de Nazaret” del católico Franco Zeffirelli. Es una película realizada en principio para la televisión, que luego ha pasado a los cines comerciales. Zeffirelli es un maestro en la reconstrucción de épocas históricas y en su “Jesús” intentó una minuciosa puesta en escena de la vida y el tiempo de Jesús.

Sin embargo, trató de huir de los colosalismos y transmitir el misterio de su persona sin caer en efectismos baratos.

Zeffirelli escogió grandes actores, pero confesó que la elección del actor que representaba a Jesús fue para él un problema apasionante y dramático. El actor elegido, Robert Powell, no es creyente, y declaró a los periodistas: “Lo que Jesús vivió y dijo son para mí las cosas más profundas que he hecho y dicho en mi vida de actor”. La película también ha sido discutida. A algunos el personaje de Jesús les ha parecido demasiado humano. Sin embargo, para muchos ha constituido un gran acierto:

“Una obra de gran poesía y fe; un fresco que responde adecuadamente al Jesús histórico y al Cristo de la exégesis bíblica. “

MONS ROSSANO

 

 

El camino recorrido nos muestra que el “misterio” de Cristo es inagotable y que toda imagen, por muy artística que sea, lo empobrece. No tenemos otro medio que los evangelios para llegar a Jesucristo. Leer, meditar, vivir. El Evangelio no es un libro neutro. Si no se vive, no se entiende. Sólo así la imagen de Jesucristo irá creciendo en nosotros y Jesucristo dejará de ser una figura histórica, un hombre famoso, para ser aquel que vive con nosotros la aventura del hombre eterno caminando hacia la casa del Padre, por quien fuimos creados a su imagen y semejanza.

 

Más sobre Jesucristo en el cine: 

http://www.uhu.es/cine.educacion/cineyeducacion/jesucristo.htm

 

Te proponemos una interesante presentación con numerosas imágenes sobre Jesús:

 

 

RESUMEN DEL TEMA 

Presentación.

  1. En los 20 siglos de cristianismo han sido innumerables las imágenes que se han hecho de Jesús. Los evangelios no dan ninguna descripción física de Jesús. Cada imagen refleja la época del autor.
  2. Jesús Buen Pastor.

Es la imagen principal de la Iglesia primitiva.

  1. Jesús Todopoderoso.

Resume la figura de Salvador y Creador. Es un Cristo en Majestad por encima de los reyes de la tierra.

  1. Cristo en la cruz en majestad.

Imágenes típicas de los siglos XII y XIII. Aun clavado en la cruz, tiene los atributos de poder: túnica, corona real. Su gesto es de abrazo más que de dolor.

  1. A finales de la Edad Media, con la influencia de San Francisco de Asís, se vuelve a los aspectos humanos de Jesús.
  2. En el Renacimiento, se insiste en los aspectos del arte clásico. Cristo es el modelo de belleza humana. Luego, las escuelas de imagineros resaltan los rasgos de dolor de la pasión. Son imágenes llenas de realismo y fuerza.
  3. En los siglos XIX y XX hay una separación entre la piedad y el arte. La imagen de Cristo pierde fuerza expresiva. En los últimos años las nuevas tendencias del arte se acercan otra vez a la figura de Cristo. Son imágenes simbólicas que huyen de los aspectos figurativos.
  4. También el cine ha dado repetidas imágenes de Jesús. Al principio, basándose en los aspectos grandiosos y externos. Luego, tratando de profundizar en la persona de Jesús más que en su ropaje exterior.

 

Fuente: http://www.usitep.es/apf/reli/jn_arte_w0/imagen_arte_w01.htm#00

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