Reflexiones

Una escuela con la misión de formar hombres y mujeres conscientes, críticos, libres y creadores será efi­caz en la maduración de la personalidad integral del estudiante cuando transmita valores y crea­ciones culturales con posibilidades de asimilarlas, rechazarlas o modificarlas en orden a un proyecto de la propia persona.

La escuela, de esta manera, compromete al educando en una apertura hacia el fundamento y sentido último de la vida y por tanto al sentido de la ciencia y de la cultura misma para la persona humana. Se trata de aclarar y responder a las grandes pre­guntas que el estudiante se hace a sí mismo y que ha de asumir como opción libre y personal.

Es finalidad de la escuela que los estudiantes logren su identidad personal; esta no es posible llevarla a buen término sin una conveniente orientación hacia un significado último y global de su exis­tencia.

¿La religión en la escuela pública?

  • El saber religioso y su legitimación en la esfera de la educación pública está constantemente cuestionada, y ello por múltiples razones de orden histórico, de orden filosófico, de orden sociológico e, incluso, de orden económico. Frente a la cuestión del saber religioso existen muchos prejuicios que obstaculizan la comprensión del problema y convierten el debate en un enfrentamiento maniqueo entre facciones políticas o ideológicas radicalmente opuestas. Sin embargo, en el plano del pensamiento, esta cuestión no es tan simple, pues existen motivos y razones de orden intelectual y de peso antropológico, cultural, histórico y sociológico para legitimar la educación y la transmisión del saber religioso en la esfera de la educación pública.
  • La comunidad educativa no debe ser exclusivamente un espejo de lo social y de lo cultural, sino que debe ser un espacio de transformación de lo humano y de lo social. Existe educación cuando se intenta transformar positivamente a la persona y, por medio de ella, a la sociedad. Esta formación se lleva a cabo desde el respeto a la intimidad y a la libertad personal. 

¿Qué papel puede jugar en una sociedad pluralista y secular el saber religioso? ¿Qué lugar puede ocupar en el seno de la comunidad educativa? 

  • Para responder a estas cuestiones, es necesario considerar algunos rasgos de nuestra sociedad que influyen en este debate.
  1. El pluralismo social, político, económico, lingüístico, étnico y religioso constituye un dato elemental de la sociedad actual. Es una pluralidad profunda de valores, de costumbres y de sentidos. El pluralismo constituye una gran riqueza si se vive desde el respeto mutuo y el reconocimiento recíproco. En este marco, el saber religioso puede jugar un papel decisivo.
  2. La dialéctica entre secularización y postsecularización. Por un lado, la secularización de la sociedad es un rasgo de nuestro tiempo y existen muchos elementos que confirman esta tendencia (envejecimiento de comunidad creyente, analfabetismo simbólico, declive de la práctica religiosa …). Pero simultáneamente estamos asistiendo a la emergencia social de movimientos y formas de vida que han sido calificadas de neo o pseudoespirituales (la búsqueda de lo divino a través de itinerarios diferentes, los movimientos new age, la recuperación de fuentes místicas orientales, etc. despiertan gran interés). En este debate entre la secularización y postsecularización, la problemática del saber religioso adquiere una dimensión nueva.
  3. La transformación paradigmática de los valores tradicionales. Por una parte, asistimos a una erosión de los valores tradicionales y de los valores vinculados a la religión institucional. Por otro lado, emergen nuevos valores de la interioridad, de la serenidad, de la meditación, de responsabilidad y compasión. La función que puede desarrollar el saber religioso en el conjunto de la sociedad secular, laica y plural es configurar un Horizonte de Máximos, es decir, un marco de ideales y de referencias humanos, una comprensión en clave máxima de la historia, de la sociedad y del hombre.

 ¿Saber religioso o iniciación a la experiencia religiosa? 

  • La confusión entre ambos procesos es grave y dificulta extraordinariamente el debate  en torno al sentido y la razón de ser del saber religioso en la esfera educativa.
  • La iniciación es un proceso propio de las religiones y generalmente se relaciona con una serie de pasos y de ritos cuyo fin es introducir, iniciar, a un ser humano en el seno de una vida religiosa. La iniciación es, en este sentido, la introducción en la vida de la fe, y ello transforma radicalmente a la persona, no sólo en el plano noético, sino en el plano ético, espiritual y social. La tarea de la iniciación es obra, por lo general, de la comunidad religiosa a través de los padres.
  • La transmisión del saber religioso, por otro lado, nada tiene que ver con la iniciación. Consiste en la transmisión de los rasgos que caracterizan dicho saber, sus peculiaridades y sus múltiples manifestaciones. Se trata de una cuestión, fundamentalmente cognoscitiva, que puede aprenderse como cualquier otra disciplina. De lo que se trata en la transmisión del saber religioso es de que el educando conozca lo que es el lenguaje religioso, su estructura interna, su mundo interior, sus manifestaciones a lo largo de la historia y, de este modo, pueda comprender a fondo un gran número de experiencias humanas, propias o ajenas.
  • Desde nuestro punto de vista, la esfera escolar debe asumir en su seno el saber religioso como si de otro saber se tratara y transmitirlo adecuadamente a los educandos.

¿Qué factores colonizan el mundo de la educación? 

  • El mundo de la educación sufre una constante colonización de dos agentes externos: el factor económico y el factor tecnológico. Los valores como la rapidez, la eficacia o la celeridad son valores en alza, que difícilmente pueden hacerse compatibles con otros valores como la meditación, la serenidad, el silencio o la oración.
  • En este marco, los saberes humanistas arraigados en la tradición occidental sufren una grave pérdida de identidad, pues deben hacerse un lugar en un universo lingüístico muy lejano. El factor económico, la obsesión por la rentabilidad y el uso cotidiano de los lenguajes informáticos convierten las materias tradicionales en residuos de la historia. La retórica, la oratoria, la filosofía, la mitología, las lenguas clásicas, el saber religioso y otras disciplinas afines sufren una grave erosión e implícitamente un desdén en relación con otras.
  • Esta colonización tiene graves efectos en el proceso formativo del educando, pues la ausencia de dicha formación interior le incapacita para desarrollar lenguajes y preguntas propiamente humanas. En este marco ambiental, es fundamental reivindicar la cultura del alma y su eminente valor formativo y configurador. 

Síntesis del articulo de Francesc Torralba Roselló: “LA CLASE DE RELIGIÓN, UNA PROPUESTA HUMANIZADORA”, publicado en La enseñanza de la religión, una propuesta de vida”. Ed. PPC, Madrid 1999.

 

Las razones del saber religioso en la esfera escolar

 A continuación presentamos un extracto procedente de la conferencia que impartió el Dr. Francesc Torralba Roselló, profesor de la Universidad Ramon Llull de Barcelona, en el Congreso Nacional de Profesores de Religión, celebrado en Madrid en noviembre de 1999, y recogida en el libro “La enseñanza de la religión, una propuesta de vida” editado por SM, PPC y Conferencia Episcopal.

Más allá de las posturas apologéticas y antiapologéticas, que son remilgos de otra época, vamos a partir desde argumentos racionales:

El argumento antropológico:Ningún ser humano normal que esté vivo puede ser reducido exclusivamente a su actividad consciente y racional, ya que el hombre moderno todavía sueña, se enamora, escucha música, va al teatro, ve películas, lee libros; en resumen, vive no sólo en un mundo histórico y natural, sino también en un mundo existencial. y privado y , al mismo tiempo, en un Universo imaginario” (V. Frankl). El saber religioso no debe reducirse a ética o a estética. Éstas no deben explicarse necesariamente por el saber religioso. El saber religioso permite ahondar en la complejidad de lo humano, permite aclarar el sentido y la razón de ser de determinadas actividades que constituyen formas de lo humano: el rito, la oración, el sacrificio, el silencio, la acción.

El argumento histórico: Existe una lógica de los acontecimientos, un conjunto de factores que determinan el curso de los eventos y la cadena de los sucesos históricos. Entre estos factores, la religión, como la economía, la geografía o el clima, tienen un peso determinante. Resulta imposible comprender la historia moderna de Europa sin considerar seriamente las luchas de religiones durante los siglos XV y XVII. Y la de África o de Asia,… La Religión, pues, tiene un interés histórico y su conocimiento es fundamental desde una perspectiva meramente inmanente. Este influjo de la religión en la historia de las civilizaciones (Egipto, Grecia, Roma, Medievo…) se detecta, de un modo evidente, en las instituciones que el género humano ha forjado a lo largo de su itinerario. Además, las religiones subsisten en y a través de instituciones que, desde su precariedad histórica, tratan de articular el mensaje salvífico en cada contexto y en cada tiempo. El conocimiento del saber religioso es fundamental para ahondar en el seno de la propia tradición. Ésta es el vínculo del pasado con el presente. Tradición, simbolismo y educación forman un círculo interpretativo fundamental que la antropología no puede dejar de tener en cuenta.

El argumento cultural: Lo que resulta evidente es que sólo es posible ahondar en el concepto de cultura a partir de su universo simbólico; y el universo simbólico de toda cultura, en un grado y otro, tiene referentes religiosos. Más que ningún otro saber, el saber religioso puede abrir camino a la antropología filosófica, ya que lo sagrado constituye una dimensión universal y los comienzos de la cultura están enraizados en experiencias y creencias religiosas.

El argumento intercultural: Mirar, conocer y aprender a nombrar la diferencia es un reto del hombre moderno y una exigencia de las minorías acalladas a lo largo de la historia. Para aprender a vivir en la diversidad, no basta con educar en la tolerancia. Educar en la pluralidad significa algo más que una simple concesión paternalista, implica algo más que ceder entre iguales un pequeño espacio a la diferencia: se trata de cambiar nuestra relación con el mundo, con la historia , con el discurso científico. Uno de los grandes retos de futuro de las sociedades contemporáneas es la articulación pacífica de las distintas identidades. Sólo es posible la convivencia desde el conocimiento y el reconocimiento de lo ajeno, pero sólo es posible comprender lo ajeno desde su fondo simbólico. En este marco, el diálogo interreligioso es clave para el diálogo intercultural, pues, en el substrato de toda cultura, moderna o arcaica, subsiste un conjunto de arquetipos y referencias de índole religiosa o pseudo religiosa. Y sólo es posible el diálogo interreligioso a partir del conocimiento de los distintos saberes religiosos. Además del papel que puede desempeñar el saber religioso en la vida cultural contemporánea, también permite un conocimiento más profundo del ser humano. Es con la base de este conocimiento como puede desarrollarse un nuevo humanismo ecuménico a escala mundial. Es fundamental conocer a fondo los fundamentos de la tradición occidental, pero también explorar colectivamente los puntos de encuentro entre las distintas religiones.

El argumento sociológico: Existe una íntima relación entre los hábitos sociales, la psicología de masas y la presencia de la religión. Primero, A. Comte y , después M. Weber han puesto de manifiesto la íntima relación que existe entre el universo de lo sagrado y el cuerpo social. De hecho, sólo es posible comprender los hábitos, los ritos y las formas colectivas de vida desde la referencia explícita o implícita a un universo de valores y de referentes que tienen mucho que ver con la religión y con lo invisible del ser humano. La sociedad occidental ya no puede definirse como un todo monolítico, sino que está constituida por un conjunto plural de comunidades morales extrañas entre sí. Lo religioso sigue presente, pero de un modo invisible. Sólo es posible recuperar plenamente el sentido de las fiestas del calendario a partir del conocimento del saber religioso y de sus distintas articulaciones históricas.

El argumento lingüistico: El ser humano es polifacético y políglota. Es decir, capaz de múltiples actividades y de distintos lenguajes. El saber religioso se expresa en un lenguaje concreto. El lenguaje no es algo adventicio en el ser humano, sino que está arraigado en su matriz ontológica. El poliglotismo es una posibilidad existencial del ser humano, aunque, como tal, requiere una educación, un cultivo determinado. El ser humano puede hablar distintos lenguajes, pero esta potencialidad sólo adquiere actualidad cuando, mediante la educación, se perfecciona al ser humano para desarrollar esta habilidad tan propia de la persona. Una de las tareas centrales de la acción educativa es desarrollar todas las posibilidades lingüisticas del ser humano. En este sentido, es fundamental desarrollar el saber religioso y acompañar al educando a comprender el sentido y la riqueza del lenguaje simbólico, mitológico y litúrgico, especialmente, en nuestro contexto cultural, donde el índice de analfabetismo simbólico crece.

El argumento pedagógico: Es fundamental la distinción entre instrucción y educación. La educación se refiere a la formación integral del educando, lo que requiere no sólo transmisión de saberes, sino también de actitudes, de valores, de experiencias. La educación se relaciona con la experiencia ética, estética y religiosa, mientras que la instrucción es un proceso puramente técnico, donde el relieve se focaliza en el mensaje, pero no en el educando. La educación es un encuentro interpersonal y un proceso bidireccional. Si la educación tiene como finalidad el desarrollo integral del ser humano, esto es, el despliegue de todas sus facultades potenciales, entonces, la dimensión religiosa del ser humano, más allá de sus concreciones históricas, debe ser contemplada por el proceso educativo y no puede reducirse a una cuestión marginal o periférica. Si el ser humano es, constitutivamente, animal religiosus, entonces, es fundamental cultivar dicha dimensión, y ello exige el conocimiento del saber religioso, los instrumentos y los elementos que caracterizan a la experiencia religiosa y a sus distintas traducciones culturales, históricas y lingüisticas.

El argumento metafísico: Durante la Edad Moderna, dos filósofos han insistido en el carácter eminentemente metafísico del ser humano: Kant y Schopenhauer. El ser humano trasciende con su preguntar el orden de lo material, de lo físico, de lo visible y se interroga por el sentido de la existencia, por el sentido de la muerte y del sufrimiento. Si educar es formar seres humanos de un modo integral, entonces, la configuración de una imago mundi es una tarea ineludible de la acción educativa, y dicha configuración exige el dominio del saber religioso y del saber metafísico. Ayudar a pensar al educando sobre las cuestiones existenciales, no es tarea fácil, pero es ineludible.

Conclusiones: Parece claro que el saber religioso, en sentido genérico, debe estar presente en el proceso formativo de toda persona, indistintamente de su confesionalidad presente o futura. El conocimiento del universo religioso y de sus múltiples dimensiones constituye una tarea fundamental en el proceso educativo de todo ser humano.

Elementos diferenciadores entre la enseñanza religiosa escolar y la catequesis.

 

ENSEÑANZA RELIGIOSA ESCOLAR

CATEQUESIS

1. El lugar La escuela como espacio de  relación académica y pedagógica. La comunidad eclesial como ámbito de comunión en la fe.
2. La intención de los destinatarios El alumno o sus padres pretenden que lo religioso se integre en la formación humana, en la cultura, en los demás saberes que el alumno recibe. Se supone una intención explícita y directa de vivencia de la fe y una integración en la comunidad eclesial.
3. Los objetivos Promueve el diálogo del Evangelio con la cultura, la incorporación del saber de la fe en el conjunto de los demás saberes, la integración de la actitud cristiana en la actitud global del alumno ante la vida. Procura la iniciación y la maduración de la fe del cristiano dentro de la comunidad mediante la formación intelectual, las celebraciones litúrgicas, el compromiso personal.
4. Las personas a las que se dirigen Se dirige a sujetos creyentes y a no creyentes que desean conocer más profundamente el Evangelio o confrontar con el Evangelio su situación de increencia. Va dirigida, en general, a quienes ya tienen una adhesión de fe, al menos inicial.
5. Los métodos pedagógicos La programación, las técnicas didácticas, las actividades…son semejantes a las de las demás disciplinas escolares. Métodos pedagógicos propios de la catequética.
6. La evaluación Evalúa los conocimientos que los alumnos adquieren sobre el hecho religioso, las diferentes manifestaciones religiosas y especialmente la religión cristiana, por ser, entre otras cosas, el substrato de nuestra cultura occidental. Valoración de la fe personal.

 

Carta de un socialista ateo francés a su hijo

Carta que el socialista ateo francés Jean Jaurés fundador del periódico a “L’Humanité” escribió a su hijo, publicada en 1919.

Querido hijo:

Me pides un justificante que te exima de cursar religión, un poco por tener la gloria de proceder de distinta manera que la mayor parte de los condiscípulos y temo que también un poco para parecer digno hijo de un hombre que no tiene convicciones religiosas.

Este justificante, querido hijo, no te lo envío ni te lo enviaré jamás. No es porque desee que seas clerical, a pesar de que no hay en esto ningún peligro, ni lo hay tampoco en que profeses las creencias que te expondrá el profesor.

Cuando tengas la edad suficiente para juzgar, serás completamente libre pero, tengo empeño decidido en que tu instrucción y tu educación sean completas, y no lo serían sin un estudio serio de la religión.

Te parecerá extraño este lenguaje después de haber oído tan bellas declaraciones sobre esta cuestión; son, hijo mío, declaraciones buenas para arrastrar a algunos pero que están en pugna con el más elemental buen sentido. ¿Cómo sería completa tu instrucción sin un conocimiento suficiente de las cuestiones religiosas sobre las cuales todo el mundo discute? ¿Quisieras tú, por tu ignorancia voluntaria, no poder decir una palabra sobre estos asuntos sin exponerte a soltar un disparate?
Dejemos a un lado la política y las discusiones y veamos lo que se refiere a los conocimientos indispensables que debe tener un hombre de cierta posición. Estudias mitología para comprender historia y la civilización de los griegos y de los romanos y ¿qué comprenderías de la historia de Europa y del mundo entero después de Jesucristo, sin conocer la religión, que cambió la faz del mundo y produjo una nueva civilización? En el arte ¿qué serán para ti las obras maestras de la Edad Media y de los tiempos modernos, si no conoces el motivo que las ha inspirado y las ideas religiosas que ellas contienen?

En las letras ¿puedes dejar de conocer no sólo a Bossuet, Fenelón, Lacordaire, De Maistre, Veuillot y tantos otros que se ocuparon exclusivamente de cuestiones religiosas, sino también a Corneille, Racine, Hugo, en una palabra a todos estos grandes maestros que debieron al cristianismo sus más bellas inspiraciones? Si se trata de derecho, de filosofía o de moral ¿puedes ignorar la expresión más clara del Derecho Natural, la filosofía más extendida, la moral más sabia y más universal? –éste es el pensamiento de Juan Jacobo Rousseau.

Hasta en las ciencias naturales y matemáticas encontrarás la religión: Pascal y Newton eran cristianos fervientes; Ampere era piadoso; Pasteur probaba la existencia de Dios y decía haber recobrado por la ciencia la fe de un bretón; Flammarion se entrega a fantasías teológicas. ¿Querrás tú condenarte a saltar páginas en todas tus lecturas y en todos tus estudios? Hay que confesarlo: la religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una manifiesta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestros días tantas inteligencia preclaras.

Ya que hablo de educación: ¿para ser un joven bien educado es preciso conocer y practicar las leyes de la Iglesia? Sólo te diré lo siguiente: nada hay que reprochar a los que las practican fielmente, y con mucha frecuencia hay que llorar por los que no las toman en cuenta. No fijándome sino en la cortesía en el simple ‘savoir vivre”, hay que convenir en la necesidad de conocer las convicciones y los sentimientos de las personas religiosas. Si no estamos obligados a imitarlas, debemos por lo menos comprenderlas para poder guardarles el respeto, las consideraciones y la tolerancia que les son debidas. Nadie será jamás delicado, fino, ni siquiera presentable sin nociones religiosas.

Querido hijo: convéncete de lo que digo: muchos tienen interés en que los demás desconozcan la religión, pero todo el mundo desea conocerla. En cuanto a la libertad de conciencia y otras cosas análogas, eso es vana palabrería que rechazan de ordinario los hechos y el sentido común.

Muchos anti-católicos conocen por lo menos medianamente la religión; otros han recibido educación religiosa; su conducta prueba que han conservado toda su libertad.

Además, no es preciso ser un genio para comprender que sólo son verdaderamente libres de no ser cristianos los que tienen la facultad de serlo, pues, en caso contrario, la ignorancia les obliga a la irreligión. La cosa es muy clara: la libertad exige la facultad de poder obrar en sentido contrario. Te sorprenderá esta carta, pero precisa hijo mío, que un padre diga siempre la verdad a su hijo. Ningún compromiso podría excusarme de esa obligación.

Recibe, querido hijo, el abrazo de

TU PADRE.

Jean Jaurès, cuyo nombre completo era Auguste Marie Joseph Jean Léon Jaurès (*Castres, Francia, 3 de septiembre de 1859 – París, 31 de julio de 1914), fue un político socialista ateo francés.

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